La democracia del bandido y la democracia del emperador

“A una colectividad se le engaña siempre

mejor que a un individuo”

Pío Baroja (1872-1956)

Escritor español

Los miembros del Club Bilderberg enarbolan la bandera de la democracia como el mayor tesoro a conquistar. Es la piedra angular de la estrategia expansionista desplegada para imponer el imperio del Nuevo Orden Mundial en todos los rincones de La Tierra. Tan manido y desvirtuado se ha quedado últimamente el término que no está de más que recordemos su significado legítimo. La democracia es un sistema de gobierno en el que los gobernantes son elegidos por los ciudadanos mediante votación y en el que el poder radica en la soberanía nacional. Abraham Lincoln, en su famoso discurso de Gettysburg, la definió como “el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”. Winston Churchill manifestó que “la democracia es el peor de los regímenes, con excepción de todos los demás que se han probado”. Pero, desde mi punto de vista, fue el erudito español Miguel de Unamuno quien más acertó en su definición al señalar que la democracia se entiende como “proceso histórico de efectiva realización de la libertad y de la igualdad, como proceso de real y creciente participación de todos los hombres en la vida política y económica de la sociedad”.

Una vez esbozada la esencia del concepto la pregunta es obligada y relevante. ¿Qué entienden por democracia los amos del mundo? ¿Qué modelo de democracia pretende instaurar Bilderberg? ¿Es democrático que la élite mundial adopte leyes y medidas sin consultar al ciudadano? La democracia, plenamente aceptada por la sociedad occidental como el menos malo de los regímenes políticos, es la justificación perfecta de los bilderbergs para defender e introducir cuestiones que les lleven a lograr los objetivos que les interesan. Lo que significa que la democracia de los amos del mundo no es legítima, está desvirtuada y ha sido despojada de su significado original; es una pseudo-democracia donde impera el poder financiero y fáctico frente a la soberanía nacional que le es propia. Es una plutocracia. Es un totalitarismo.

La democracia occidental prefabricada por los amos del mundo es una falacia asentada sobre el falso pilar de “todos somos iguales”. La igualdad no es lo mismo que el igualitarismo. Esos hombres que tanto defienden públicamente la igualdad se han formado en instituciones elitistas, han recibido una educación y unos conocimientos situados años luz de los que recibe el resto de la sociedad. Es imposible que se dediquen a luchar por la igualdad de todos cuando ellos forman parte de una organización clasista situada muy por encima del resto de los ciudadanos del mundo. No les interesa porque perderían sus privilegios. Lo que proporcionan al pueblo son residuos de igualdad. Residuos de democracia.

Según el discurso del grupo y sus acólitos, la internacionalización de las finanzas y el sistemático intercambio mercantil avalarían el mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de las personas dentro de un contexto democrático. Pero ¿a qué precio? Se trata de establecer un nuevo Estado del bienestar, una versión reformada y corregida del anterior, que se presenta como el modelo ideal a establecer dentro de un mundo globalizado, en el que las soberanías nacionales dejan paso a una soberanía mundial gestionada por los bilderbergs.

Los amos del mundo son enemigos de la democracia auténtica porque obtienen mayores beneficios de los regímenes corruptos, del totum revolutum, que de un sistema completamente limpio donde todas las leyes se cumplan al pie de la letra y de igual forma para todos.

El filósofo Agustín de Hipona expresó con claridad meridiana la injusta forma en la que se manifiestan los poderosos en la sociedad:

“Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de criminales a gran escala? Y esas bandas ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada. Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos. Abiertamente se autodenominan entonces reino, título que a todas luces les confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda. Con toda profundidad le respondió al célebre Alejandro un pirata caído prisionero, cuando el rey en persona le preguntó: ¿qué te parece tener el mar sometido a pillaje? A lo que el corsario le respondió: Lo mismo que a ti el tener al mundo entero. Solamente que a mí, que trabajo en una ruin galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador”.

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2 pensamientos en “La democracia del bandido y la democracia del emperador

  1. Timoteo Sancho

    Pienso k estos señores engañan a muy pocos yo creo k la mayor parte de las cosas k dicen, ni ellos se las creen, en cuanto ha la idea del LADRON podemos eliminar ¿———–? .

    Responder

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